El texto, más que ensayo es una especie de discurso de funcionario académico. La referencia explícita al ICFES de Colombia refuerza este punto; supone un auditorio –más que un lector- contextualizado en el medio educativo de aquel país.
El texto comienza con una apelación
al “sentir” con frases que suenan bien como la del “ser humano como vida
pensante”, pero no aportan al tema más que de modo lateral, en la posibilidad
de “humanizar” los medios virtuales, entendido el humanizar como hacerlo
amable, cálido. Queda sólo como un llamado a la buena voluntad de quienes
intervienen en la educación virtual. No deja de ser curioso que el planteamiento
inicial esté fundado en el tomismo católico del S XII-XIII.
Como texto académico es muy pobre.
Realiza una sola cita y no es la fuente original. Menciona “otro estudio”, de
la misma fuente, sin mayor referencia y sobre estas referencias apunta las
competencias necesarias de los profesionistas de hoy, ninguna de las cuales son
inherentes o exclusivas de la EV, ni ésta garantiza por sí el obtenerlas.
Me parece evidente que el interés
del autor es el tema de las competencias, más que en aprendizaje autónomo (AA)
y que los elementos que aporta sobre éste se diluyen en un confuso entremezclar
de conceptos. Establece valores negativos en materia educativa e implícitamente
los vincula con la EP -i.e. dependencia del tutor o maestro, memorización,
repetición de conceptos-, que si bien se dan en este modelo, tampoco son
inherentes a él.
Considero que la importancia de la
EV es indiscutible y su papel en la sociedad cada vez más central, sin embargo,
es necesario situarlo en su debida ubicación en el contexto educativo general,
clarificar sus alcances y potencialidades, pero no desde la idealización de un
recurso y un medio particular. Por ejemplo: al hablar de los beneficios para
los estudiantes de EV, menciona: “inmediatez en la consecución de información y
flexibilidad en cuanto a manejo de tiempos y espacios porque no están atados a
horarios ni a desplazamientos físicos, pues la red permite una interacción en
tiempo real (síncrona) y en diferido (asíncrona); además del acceso al campus
virtual desde cualquier lugar que tenga conexión a internet. Aquí hay dos
puntos: a) acceso a información y b) flexibilidad de tiempo y horarios. Sin
duda, son elementos que abren posibilidades a muchas personas, pero por sí
solos, o planteados dentro de un conjunto general y diverso, no dejan de ser
peticiones de principio. La inmediatez del acceso a la información no es un
beneficio en sí mismo y puede ser o es, incluso, más perjudicial que benéfico.
Por la red circulan cantidades exorbitantes de información chatarra revestida
de discurso científico y otro tanto de “refritos” y referencias “pirata” que engañan
a millones de personas. Es justamente la inmediatez el mayor riesgo de dar por
bueno algo sin fundamento. Incluso la ciencia, en los mayores niveles, está
llena de ejemplos de plagios, trucos, datos falseados, etc. La EV se enfrenta
así a un verdadero reto educativo que en este texto ni se atisba siquiera; al
contrario, se da como un punto a favor sin discusión.
El otro tema, el de la flexibilidad.
Si bien es cierto que ofrece ventajas enormes con respecto a la EP, también es
cierto que tiene implicaciones y supone una serie de consideraciones previas
que tampoco se apuntan siquiera. La flexibilidad de tiempos y horarios requiere
ejercitarse en ciertas dinámicas o contar con ellas de antemano, por ejemplo,
disciplina personal. En general, la EV exige más tiempo y dedicación del que
normalmente se estima. Sobre todo si realmente emprende uno como estudiante la
tarea de autoformarse. Un buen ejemplo es este texto. Uno puede limitarse a
leerlo, comentarlo, hacer el mapa y compartirlo con los demás en la forma
estipulada; puede, además acudir a las referencias, leerlas, compararlas y
hacer sus respectivos mapas; puede también buscar la referencia mencionada en el
texto –el estudio europeo– y revisarlo; comparar sus datos con los que apunta
el autor y verificar que efectivamente corresponden a lo afirmado por éste o
no, etc. Cada uno de esos pasos requiere una cantidad de tiempo que no puede
ser prevista al apuntar tiempos aproximados para llevar a cabo una tarea. Sólo
si en cada caso, en cada texto hiciéramos lo que he apuntado, estaríamos
andando en la ruta del aprendizaje autónomo y del pensamiento superior.
¿Podemos hacerlo sólo porque contamos con conexión a internet; o porque
tengamos mucha voluntad y ganas? Creo que no. El texto en cuestión me parece
planteado desde un voluntarismo individualista para el cual todo está dado una
vez que se tiene conexión a internet.
En general me perece un texto
deficiente aunque se pueden entresacar algunas aportaciones perdidas entre lo
demás. Por otra parte, el autor comete varios errores sintácticos y de
estructura, y un error garrafal en el uso de una forma verbal ("sean" en lugar de "se han"; la primera del verbo ser y la segunda del verbo haber).

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